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Sábado 25.03.2017
14/01/2017

Crónica

CAMINO DE LA VIRGEN

Un paraíso mutilado por los countries, el citrus y las inundaciones

Durante el verano, los barrios sufren las inclemencias del tiempo. El agua que escurre por los cerros inunda los caseríos. Consecuencias de las urbanizaciones especiales y el monocultivo de limón.
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Camino de la Virgen

Pedemonte. La Rinconada. Camino de la Virgen al fondo. Limones y yungas. Cultivo que convierte al cerro en un tobogán perfecto para que escurra el agua de lluvia. Agua que corre sin frenos.

Al suroeste de Yerba Buena se encuentra un vestigio de lo que alguna vez fue nuestra ciudad: un pueblo con chacras o, en realidad, una gran chacra con pueblo. En el pie del cerro, más al sur de los barrios cerrados, decenas de familias todavía viven de los sembradíos de hortalizas que se pierden entre caseríos y campos de limones

La producción citrícola y los barrios cerrados avanzaron tanto sobre las yungas, que el agua de lluvia escurre sin control por las laderas de los cerros. En verano, el problema alarma a los vecinos porque el torrente suele inundar sus ranchos, tras cada tormenta.

Miedo al terraplén 

Un montaña de tierra es el límite de una finca asociada a una empresa exportadora de limones de Tafí Viejo. El terraplén de dos metros de altura está allí para detener el líquido que corre sin frenos desde el cerro. Cuando el cielo muestra su furia, el sitio se transforma en un dique que se aliviana a través de desagües. Desagües que inundan todo a su paso, metros más abajo. Esto fue lo que ocurrió en el año 2013, durante la crísis que probocó el alud del Río Muerto. 

Las

Años atrás, el Camino de la Virgen era un vergel en el que las huertas de hortalizas conjugaban a la perfección con la selva subtropical. Andar a caballo, cortar leña de árboles muertos y emprender travesías hasta Villa Nougués eran tradiciones que apasionaban a todos. Leer la nota: Exequiel: El defesor de una Yerba Buena campestre . 

Con frecuencia, se avistaban aves y mamíferos autóctonos: pecaríes, gatos del monte, ocelotes, urracas, teros, hasta tucanes. Ocurría, sobre todo, en los fondos de las casas que daban al monte, cuentan los residentes. 

  • Los desarrollos inmobiliarios se convirtieron en aberraciones urbanísticas que generaron un fuerte impacto socio ambiental, equiparado al ocasionado por los monocultivos que reemplazaron bosques nativos, por industrias frutihortícolas.

Hablan los que saben

Norma Antúnez, miembro de una familia que lleva tres generaciones en la zona, comentó que el sitio tiene una vista privilegiada hacia el cerro San Javier. “Lamentablemente, el citrus fue comiendo al monte. Antes sólo había pequeñas chacras para maíz y lechuga. Ahora tenemos cuntries y cultivos de limón que avanzaron mucho hacia el margen del cerro. Cuando llueve, esto es un lodazal por culpa del terraplén”.

  • La caída de un rayo o los truenos que hacen eco en las colinas del cerro, son un mal presagio. Chicos y grandes saben que tendrán que llenar bolsas con arena y colocarlas en los ingresos de las viviendas. Sabe bien que si llueve, la calle se convertirá en río.  

“Aquí vivíamos tranquilos. Trabajamos la acelga para venderla en la plaza vieja o en el Mercofrut. También cosechamos limón. Antes me dedicaba a cortar leña, pero ahora ya nos queda lejos el cerro. Los limoneros están en todos lados y está prohibido adentrarse en las fincas. Cuando cae agua, en un rato los pastizales de las fincas se transforman en un tobogán de agua”, contó el lugareño, Mario Acosta.

El ingeniero, Flanklin Adler, especialista en obras hidráulicas, expresó a través del informe: Drenaje Pluvial de Yerba Buena: “En el 2015 hizo eclosión la suma acumulada de problemas de imprevisión, crecimiento desordenando, falta de obras de infraestructura de drenaje pluvial y deterioro de la existente. La resultante, además de los daños a la población, fue un enorme grado de destrucción de la infraestructura colectora principal. El Canal Sur, el Canal Caínzo y el Canal Yerba Buena fueron superados en su capacidad de conducir aguas y, en partes muy importantes, destruidos”. 

Durante la temporada estival, el vecindario vive atemorizado. Las precipitaciones hacen templar la tierra cuando el agua comienza a correr. El Río Muerto está muy cerca y muchas veces pierde su cauce, inundando el trazado del Camino de la Virgen, cercano a la avenida Solano Vera. Es tiempo que el Estado, en todos sus niveles, ponga el ojo en esta barriada para resguardar a quienes menos tienen.  

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