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Sábado 18.11.2017
31/08/2016

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HISTOGRAFÍAS

“Las mujeres ayudaron a que San Pablo no sea un pueblo fantasma”

La historia de una de las 1200 familias afectadas por el cierre del ingenio. Nota escrita por Verónica Villafañe para La Izquierda Diario.
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Las ruinas del ingenio San Pablo. Fotografía: Isaías Cisneros

En agosto de 1966, Néstor Salimei, ministro de Economía de la dictadura de Juan Carlos Onganía decretó la intervención y posterior cierre de 11 de los 27 ingenios que funcionaban en la provincia de Tucumán. Esta medida implicó un duro golpe a la vida de los trabajadores tucumanos, cerca de 50.000 trabajadores quedaron sin su fuente de trabajo y miles de familias emigraron de la provincia ante el duro asecho de la desocupación. 

Los trabajadores de los ingenios que permanecieron funcionando igualmente sufrieron un duro golpe, ante la amenaza de pérdida de fuente laboral que acechaba en esos días. Miedo que los industriales tucumanos usufructuaron para una mayor explotación de los obreros que lograron sostener su trabajo. Años después del cierre de los ingenios, la amenaza aun acechaba y a los 11 iniciales se sumó uno más, el cierre del ingenio San Pablo, lugar ubicado a 8 kilómetros del gran San Miguel de Tucumán.

Don Cejas, ex trabajador transitorio del ingenio San Pablo hasta su sentencia final a fines de los 80 en que finalmente es cerrado, nos cuenta cómo vivió la discriminación en carne propia al verse sin empleo por más de dos años. Realizando changas para poder sobrevivir y con una gran cantidad de compañeros y obreros del surco que tenían alrededor de 50 años, no conseguían ocuparse en ningún lado y posteriormente resignarse a que 3 de sus 7 hijos partieran rumbo a Buenos Aires y a Santa Cruz en busca de un futuro mejor.

Esta es solo una historia de familia, entre las 1200 familias que fueron afectadas en San Pablo, desde 1966 trató de sobrevivir en manos de compañías transitorias hasta el cierre. Gracias a los cañeros de CATSA en 1992 pudieron volver a reabrir sus puertas pero la falta de gas llevó al cese total de las actividades produciéndose un vacío difícil de llenar.

Las mujeres levantaron al pueblo

En la opinión de vecinos y ex obreros del ingenio San Pablo, las mujeres fueron un pilar fundamental en un escenario donde la pobreza y la falta de trabajo primaban después del cierre. “Las mujeres ayudaron a que San Pablo no sea un pueblo fantasma”, sostiene Don Cejas. Esa agonía se prolongó por varias décadas en las expectativas e imaginario popular; casi todas las mujeres de pueblo que antes vivían del salario de sus maridos y realizaban labores domésticas, se convirtieron luego del cierre en empleadas domésticas en Yerba Buena y en la Capital tucumana para paliar la situación de sus compañeros; muchos de los cuales buscaron emplearse como albañiles o jardineros y trabajadores golondrinas.

El rol que las mujeres jugaron a lo largo de la resistencia al cierre de los ingenios se replica en cada uno de los pueblos donde cerró algún ingenio. Ellas tomaron en sus manos la lucha, organizando las ollas populares, movilizaciones y poniendo en pie comisiones de mujeres. Renombrado es el caso de las esposas de los trabajadores del ingenio Santa Lucía, donde se recuerda fervientemente a la luchadora Hilda Guerrero de Molina asesinada en manos de la policía en una movilización en enero de 1967.

San Pablo hoy

Hoy en San Pablo la situación es preocupante con altos índices desocupación, los jóvenes entre 20 y 35 años son los que más padecen, muchos sumidos en el flagelo del alcoholismo y la drogadicción. En este escenario las mujeres lo padecen aun más, multiplicándose los casos de violencia de género muchos de los cuales no son denunciados por temor. Una población aun muy golpeada por la falta de trabajo ante la pérdida de la principal fuente laboral del pueblo.

El abandono del gobierno provincial es palpable, con escasos estímulos que pretenden paliar una situación otorgando en solo algunos casos un par de cursos para capacitación laboral, cuando el pueblo precisa de la creación de empleos genuinos que atiendan al grueso de la población, en su mayoría desocupada.

Autor: Verónica Villafañe

Fuente: La Izquierda Diario - Link


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