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Viernes 19.04.2019
16/11/2016

Crónica

SOLIDARIDAD

Los Defensores de Mamás revolucionaron San José

En la guardería San José de Calasanz, un grupo de jóvenes y profesionales realizan tareas comunitarias dos veces por mes. Lee la nota de nuestra colaboradora Florencia Olmedo
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Defensores de Mamás

Solidaridad y compromiso social. Este es el motor que moviliza a jóvenes tucumanos que realizan tareas sociales con madres de Yerba Buena en la guardería San José de Calasanz. Pertenecen a la agrupación Frente Jóven que impulsa el proyecto  “Defensores de Mamás”.

¿Por qué se llaman “defensores"?

Su nombre, “Defensores”, obedece al espíritu de la iniciativa: están siempre expectantes para ayudar a las madres y embarazadas vulnerables. El grupo, que en un comienzo trabajaba en la zona de El Corte, se trasladó más al Este, a la localidad de San José, donde realizan los encuentros en una guardería de niños. El establecimiento cuenta con dos salas, una cocina, baño, galerías, jardín, juegos, pizarrones, mesas y sillas. Es un lindo espacio para encontrarse y compartir. Allí, sábado de por medio, las madres se reúnen con los voluntarios para aprender sobre embarazo, maternidad y conversan sobre el rol de la mujer en la familia.

“La intención es crear un contexto de distracción de las rutinas que muchas veces agobian a las mujeres y simplemente darles el lugar para que hagan algo por ellas, algo distinto”, afirman desde la ONG. 

La estructura del equipo responde a una entidad no gubernamental que adapta su dinámica a la realidad de cada barrio, cada ciudad y cada provincia. En Tucumán, los jóvenes se toman muy enserio su trabajo social. Por eso, cuando comenzaron a trabajar en San José, primero realizaron un censo para conocer cuántas madres y mujeres embarazadas había. Visitaron los hogares de la zona, hablaron con las familias e invitaron a otros movimientos solidarios a sumarse a la campaña.

Cada jornada comienza a las 16 horas con charlas para “romper el hielo” que tienen el fin de lograr un vínculo entre los voluntarios y las madres: les preguntan cómo están, cómo se sintieron en el encuentro anterior, qué hicieron durante la semana. Las reuniones son coordinadas por profesionales y para dictar los talleres se organizan meriendas y juegos para entretener a los niños.

Daniela Ponce, estudiante de medicina, se encarga de dar comienzo a la reunión explicando brevemente cómo se desarrollará la jornada. Los profesionales: psicólogos, abogados, médicos, entre otros, utilizan un lenguaje ameno para que las madres presentes se sientan cómodas, participen, se saquen dudas y generen un lazo tanto con los profesionales como con los jóvenes coordinadores. Buscan afianzar la confianza en el grupo.

Los coordinadores organizan actividades de manualidades: las mujeres tienen la posibilidad de aprender técnicas de costura, tejido y cocina. La idea es que aprendan algún oficio. Quizás este sea el momento que más disfrutan las madres y en las que se las puede escuchar contando sus vidas.

Mientras las madres aprenden, los chicos se entretienen. “La idea consiste en realizar actividades recreativas para que los más pequeños no estén pendientes de sus mamás y ellas puedan tener su tiempo. Pero también sirve para estimular el aprendizaje de los niños. Realizan distintas actividades que los mantienen concentrados en su mundo y permiten que sus madres presten atención al encuentro”, dijo Daniela.

Durante la merienda, una nutricionista brinda recomendaciones de comida sana. Es el momento ideal para que las mujeres hagan las devoluciones al equipo encargado del encuentro, ya más relajadas y hasta con chistes de por medio. Los coordinadores toman nota de lo sucedido ese día para luego subirlo a las redes sociales a modo de resumen. Al final de cada día, las madres se retiran a sus casas, con la promesa y esperanza de volver dentro de quince días para un nuevo encuentro. Los jóvenes también esperan con ansias que vuelvan las madres y poder continuar con este proyecto.

Iniciativa juvenil

Los chicos que se encargan de gestionar estos encuentros, destinan horas de su tiempo libre para dar rienda suelta al compromiso comunitario. El equipo  está compuesto por estudiantes de medicina, psicología, nutrición, entre otros. También hay un grupo que los ayuda en la comunicación cuando necesitan realizar campañas, productos gráficos o fotografías. Aplican sus conocimientos académicos en una comunidad que los necesita. Hablamos entonces, de una actividad que beneficia a todos.

El trabajo de estos chicos, dispuestos a trascender a través de la profesión que eligieron estudiar es admirable. No cualquiera puede ingresar a los barrios marginales y tratar de fomentar una buena acción. Se necesita coraje, corazón, voluntad y ganas de hacer el bien.

Entonces, los voluntarios, desde su lugar en el mundo se proponen dar una voz de esperanza a las mujeres se animen y crean firmemente que sí se puede. Las madres que asisten sábado de por medio a las reuniones, encuentran en la guardería de San José de Calasanz un espacio de catarsis. Saben que cuentan con la ayuda de chicas y chicos que cuidan a sus niños y los hacen jugar. A su vez, estas madres ayudan a cada colaborador a desempeñarse en su futuro rol profesional, les dan confianza y así, el corazón de ambas partes se alimenta de amor.

Es reconfortante saber que en tiempos actuales donde todos los días nos enteramos que algo malo sucede, que alguna madre o niño muere por falta de prevención o seguimiento de la salud pública, hay un grupo de jóvenes comprometidos con la sociedad pero sobre todo con el futuro de la misma. Son personas que se preparan día a día para enfrentar la realidad y que quieren ayudar a los que más necesitan. Estos jóvenes son héroes que defienden la maternidad, quizás el acto más puro de amor.

Autora: Florencia Olmedo 

Fotos: Gentileza Defensores de Mamás 

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