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Martes 19.02.2019
11/07/2016

Histografías

HISTORIOGRAFÍA

¿Sabías que… en el siglo XIX fue declarada la República del Tucumán y hasta tenía su propia moneda federal?

Con la independencia, la situación monetaria empeoró, en especial para las provincias del interior. Bernabé Aráoz lanzó la primera moneda federal. Nuestra colaboradora Antonella Gutiérrez La Bruna lo explica en este artículo

A partir de la Revolución de Mayo la situación nacional mostraba los altibajos de cualquier país que busca constituirse. Buenos Aires mantenía su poder por poseer el puerto. El interior estaba muy relegado, los gastos y pérdidas por las guerras eran cada vez mayores. Potosí estaba generalmente ocupado por realistas, y las provincias del norte no podían comerciar allí.

Una de las cuestiones que más preocupaba por aquel entonces, era la falta grave de circulante: las importaciones eran mayores que las exportaciones, lo que generaba una balanza comercial negativa. Había que pagar la diferencia con oro y plata.

Este último punto, hace darnos cuenta que hay situaciones que parecen una constante en nuestra historia: la falta de monedas.

Ya en épocas del Virreinato se notaba la escasez de circulante. Las monedas de oro solían subir a los barcos que las llevaban a Europa o ser atesoradas por los que querían mantener un ahorro, sin casi tener la oportunidad de pasar de mano en mano. Las de plata, nunca resultaban suficientes para las crecientes transacciones comerciales de mercado en crecimiento como eran Mendoza, Tucumán o Buenos Aires.

Por otra parte, y era frecuente que ocurriera con las monedas de cobre, el valor del metal en el mercado podía superar el nominal de acuñación, con lo cual las “chirolas” iban a parar a un horno de fundición para hacer la diferencia.

Con el advenimiento de la vida independiente, la situación monetaria empeoró, en especial para las provincias del interior, ya que la Casa de la Moneda de Potosí, que era la mayor proveedora de metálico, pasó a estar en manos realistas. Y las provincias del norte fueron las más perjudicadas por depender en gran medida de la comercialización con el Alto Perú.

En 1819 hubo una revuelta en Tucumán que repercutió en todo el país, su líder fue Bernabé Aráoz, quien se proclamó gobernador interino.

En 1820, con la derrota en la Batalla de Cepeda, renunció el Director Supremo Gral. Rondeau y quedó disuelto el Congreso Nacional. Las provincias quedaban en libertad de decidir sus gobiernos y leyes dentro de los lineamientos federales. Allí nació la República de Tucumán, creada por el Gobernador Intendente general Bernabé Aráoz. Pero con la salvedad que el término de “república” no tenía los alcances que en la actualidad se le atribuye. La República de Tucumán abarcó los actuales territorios de Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero.

El gobernador Aráoz pone en marcha  un taller de amonedación que reproduciría la macuquina que se utilizaba en Potosí por ser la más rudimentaria de las piezas que circulaban en el territorio. La moneda tucumana era de plata feble, es decir que no respondía a la calidad ni al peso que exigían  las leyes monetarias en uso. Y ante la falta de maquinarias y recursos adecuados, las monedas eran demasiado imperfectas. Pronto proliferó la falsificación; se instalaron talleres clandestinos, como el de Nicolás Corro. El problema de falta de moneda de plata buena era tan grave que se obligó al curso forzoso de toda moneda, sea oficial o falsa. Como es de suponer, en otras provincias no las aceptaban, salvo que se les impusiera una importante quita de su valor, pero de ningún modo se podía transar con el exterior si no se contaba con oro o plata genuina.

Las consecuencias eran predecibles: se generó un malestar generalizado de la población y hubo un golpe de estado en 1821 que le dio fin a la República del Tucumán, separándose definitivamente Catamarca.

Se clausuró la ceca tucumana, pero las monedas siguieron circulando, ante la falta de metal para crear nuevas monedas. La crisis se agravaba, ya que los comercios comenzaron a bajar sus persianas porque los clientes querían deshacerse del dinero, que rápidamente perdía valor. Los más afectados por el problema de circulante eran la clase medio y alta, ya que los pobres y campesinos seguían haciendo uso del trueque, prescindiendo del dinero.

En 1824 asumió Javier López y decretó el fin de la moneda federal. A nivel provincial, solo quedaban circulando las monedas de plata y oro. La economía se resintió aún más por un tiempo y la población debió adaptarse. Muchas provincias comenzaron a emitir sus primeros billetes. Que dieron, en parte, solución a este acuciante problema monetario. Recién en 1881 se logró unificar la moneda en todo el territorio argentino, cuando se instauró el peso moneda nacional.


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