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31/08/2016

Crónica

A 50 AÑOS

El obrero que visitó a Perón durante el cierre de los ingenios

Por: Rafael Garbero
Contamos la historia de Raúl Miguel Sánchez, dirigente de la Fotia y testigo del cierre de 11 ingenios azucareros durante la dictadura de Juan Carlos Onganía. Una medida que puso en jaque a la economía regional del NOA
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Raúl Sánchez y Juan D. Perón en Puerta de Hierro. Gentileza: Familia Sánchez

“¿Quién conocía más sobre la industria azucarera que los trabajadores? Nadie. Cuando me reuní con mi líder, Juan Domingo Perón, supe que las medidas de fuerza gremiales no eran una alternativa para salir de la crisis. El cierre de fábricas se podía evitar. Teníamos que creer en la fortaleza del movimiento obrero. El General nos enseñó que la solución estaba en la cuestión social y la conformación de cooperativas de trabajadores”.

El testimonio pertenece a Raúl Miguel Sánchez, un sindicalista tucumano que pudo entrevistarse en 1966 con el ex presidente justicialista exiliado en España. Fue testigo activo de los acontecimientos previos al cierre de 11 de los 27 ingenios azucareros que existían en Tucumán durante la dictadura de Juan Carlos Onganía.

Raúl, junto a sus compañeros, pudo reabrir el Ingenio Aguilares y evitó así el destino de otras manufactureras de la provincia que se convirtieron en chatarra.  48 años después, dentro de una caja de cartón, atesora dos cartas que Juan Domingo Perón le entregó en su residencia en Puerta de Hierro (Madrid, España) con directivas que, por su intermedio, debía hacer llegar a los ‘compañeros’ de la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (Fotia)  y las “62 organizaciones de Pie junto a Perón”. Misivas que serán compartidas con los lectores de Cuatro Esquinas en publicaciones  posteriores. Ver enlace: La carta de Perón “a los compañeros de la F.O.T.I.A.”

De changuito cañero a líder sindical

Sánchez tiene 85 años (la nota fue escrita en 2014) y vive en Villa Amalia, barrio de San Miguel de Tucumán. Nació en Aguilares el 29 de abril de 1929 y se crió en un hogar sin lujos. No pudo ir a la escuela pero aprendió oficios gracias a su padre, un ‘trabajador del azúcar’. El mote de “changuito cañero” no es un lugar común en este caso. A los 12 años empuñó el machete para pelar caña, cumplidos los 14 ingresó a la fábrica para limpiar calderas y a los 18  se encargó del mantenimiento eléctrico de motores y bobinados. Conmovido por los padecimientos de sus compañeros decidió ingresar a la Fotia y llegó a convertirse en secretario general del sindicato de Aguilares. Ocupó un rol destacado en las “62 de Pie” y sin tener cargos gubernamentales, se ganó el respeto de los referentes del Partido Justicialista.

Durante la adolescencia de Raúl, Perón llegó al poder y con su gobierno descubrió “el valor de la justicia social y los beneficios de sus leyes laborales”, afirmó. ¿Cuándo decidió ser sindicalista? “Un día, trabajando en el sector de calderas me encontré un paquete que contenía tarjetas perforadas de presentismo. Busqué el cartón del papá y vi que no le registraban las horas extras. Sentí una gran injusticia y pensé hacer algo. A los 18 años me afilié al sindicato y pasé a ligarme palos y latigazos en las protestas”. 

Visitó a Perón en Puerta de Hierro

El ex representante de Fotia contó que, por aquellos años, el clima en la provincia estaba enrarecido porque corría la voz de que se venía el cierre de ingenios. La patronal de ‘Él Aguilares’ había declarado la quiebra y el pueblo tenía pánico. Los vecinos avizoraban años de desocupación y miseria.

A comienzos de 1966, meses antes de la contrarrevolución de los militares encabezada por Onganía,  Sánchez, como otros sindicalistas argentinos y latinoamericanos, recibió una invitación de Perón para que se reunieran con él en Puerta de Hierro. “La organización de Perón en España nos consigue una invitación de China para festejar el Día del Trabajador. Ese gobierno financió el viaje que salió de Uruguay a fines de abril rumbo a Francia. Hicimos escala en París e ingresamos a China a través de Pakistán”, relató el anciano que contó que el deseo del ex presidente era que los latinoamericanos conocieran los avances del comunismo chino y sus cooperativas. “Era difícil viajar al exterior y el comunismo estaba mal visto. Por eso el vuelo partió desde la Banda Oriental”, relató y dijo que nunca fue afín al comunísimo, sino al peronismo.

Al regreso del país asiático, el contingente gremial se detuvo en España. El 29 de mayo Juan Domingo Perón los recibió en su casa de Madrid. “Pasamos un día completo en su quinta. Perón presidió reuniones en las que se debatían temas de interés latinoamericano y nacionales, y nos atendió personalmente”, relató el hombre. Cuando conversó con los sindicalistas argentinos, el líder justicialista fustigó el avance del ‘capitalismo’ por sobre los intereses nacionales y mostró su enfado con los gremialistas que proponían un “Peronismo sin Perón” a los que acusaba de haberse “desviado de su deber” justicialista como se lee en las cartas que trajo Raúl. 

“Con el diálogo directo con Perón se acabaron los intermediarios. Ese día pude cumplir un sueño porque para mí era el ser más maravilloso de la tierra”, declaró Sánchez y expresó que durante la década del 60 los líderes de las “62 de Pie” y de la Fotia recibían directivas a través de terceros. “Necesitábamos exponerle nuestras penurias y queríamos recibir sus directivas”, afirmó Sánchez y dijo que para El General “la única  alternativa para evitar el cierre y salir del ‘yugo patronal’ era la organización de los trabajadores en cooperativas obreras”. 

El Ingenio Aguilares se salvó de convertirse en chatarra 

Sánchez declaró que, llegado a Tucumán, el diálogo con la organización de Perón continuó: “El General acompañó desde España a los obreros durante la crisis azucarera. Ese apoyo salvó varios ingenios porque nos implicamos en lo que Perón llamaba la ‘cuestión solidaria’. O la conformación de cooperativas que pasaran a integrar el capital accionario de las empresas”.

Esta visión cooperativista posibilitó acercar soluciones a las necesidades de la gente. En el Ingenio Aguilares crearon una mutual de medicamentos para asegurar el acceso a la salud. “Cuando la familia Padrós – dueña del ingenio – declaró la quiebra, pedimos un crédito en la Caja Popular de Ahorros para que el gremio compre parte del capital accionario. Así arreglamos con los cañeros y los proveedores a los que se les debía dinero para que las deudas se convirtieran en activos. Pudimos reabrir el ingenio en el 67”, aseguró y dijo que a partir de ese momento integró por 10 años el directorio de la empresa como representante de la Fotia.

Así, el Ingenio Aguilares escapó a la crisis y pudo eludir el  camino trágico de los ingenios San Ramón –también de los Padrós-, Bella Vista, Monteros y La Florida, todos acuciados por las deudas y la baja del precio internacional del azúcar “que fueron desguazados paulatinamente y transformados en un chatarrerrerío”, rememoró.

A partir de las décadas del 60 y 70, Raúl Sánchez integró la Colacot (Confederación Latinoamericana de Cooperativas de Trabajadores) por designación de Perón. Así viajó en calidad de observador por Bolivia, Venezuela, Colombia, Brasil y Chile para aprender de las cooperativas de obreros latinoamericanas.

Comienzo de la crisis azucarera

Luego del golpe del 55’ los sucesivos gobiernos nacionales  impulsaron una política azucarera que privilegiaba con financiamiento a los grupos económicos más poderosos. Empresas que pudieron capitalizar sus ingenios con modernos desarrollos mecanizados tanto en fábrica como en el campo. “Los más avanzados en tecnología como el Ingenio Ledesma (Jujuy) fueron favorecidos con la nueva  regulación azucarera en perjuicio de las fábricas más pequeñas radicadas en Tucumán”, manifestó Raúl. Estas medidas provocaron cesantías de trabajadores y acrecentaron la precarización laboral en un marco internacional en el que el mercado subió el precio del azúcar y en consecuencia creció su producción mundial. La sobreoferta del producto en 1965 ocasionó el desplome del precio internacional afectando a la industria argentina.

La devastación de las estructuras productivas tradicionales en los años que siguieron al fin del peronismo, tuvo su momento más candente con el cierre de 11 de los 27 ingenios azucareros existentes en Tucumán a través del decreto-ley 16.926 del 21 de agosto de 1966. Norma que fue emitida por el presidente de facto Juan Carlos Onganía, líder de la Revolución Argentina. Nombre con el que se autodenominó la dictadura militar que derrocó al presidente radical Arturo Illia, mediante un golpe de Estado llevado a cabo el 28 de junio del mismo año.

Carta confidencial de Perón

En una misiva secreta escrita el 6 de febrero de 1967, Juan Perón dirige a Sánchez las siguientes palabras: “…El Movimiento Peronista, alejado de todo preconcepto, estaba decidido a apoyar a la “Revolución Argentina” si realmente se trataba de una revolución pero, como movimiento popular no puede ser un elemento pasivo ante las comprobaciones que se vienen haciendo: no puede aceptar como conveniente el ataque unilateral a las organizaciones sindicales y a los intereses populares porque no es justo como tampoco puede convenir a los intereses de la Nación…. Por ésa y por muchas otras razones está y estará siempre departe (sic) de los obreros azucareros en todas sus manifestaciones que presupongan la defensa de sus intereses e ideales. Nuestra razón de ser ha sido siempre esa posición inconmovible al lado del Pueblo…. “

Y en referencia a la crisis azucarera el líder justicialista dice: “…No es nuevo para nosotros el problema azucarero de Tucumán pero sí resultan “novedosas” las actuales intenciones de solución, que como remedio, han resultado peores que la  enfermedad.  Si se hubieran cumplido las prescripciones del Segundo Plan Quinquenal que los gorilas dejaron sin efecto ya no existiría tal problema. Dios ha  querido así castigar la torpeza y la sordidez de los culpables, lástima grande, que les haya dejado el “interticio” (sic) necesario como para que ellos pudieran transferir el castigo a los que menos culpa tenían...”

En sintonía con el discurso citado, Sánchez sostuvo que la Revolución Argentina sólo quería beneficiar a las fábricas del norte “con los Blaquier a la cabeza”. Propusieron los cierres en Tucumán para aumentar su cupo de producción quitándole la cuota a los ingenios menos desarrollados de nuestra provincia. “Así era la política cuando estaban los milicos”, culminó Sánchez, pues siempre consideró que la mayor crisis de la industria azucarera tucumana podría haberse evitado si se hubiera diversificado la producción con la fabricación de alcohonoafta, papel y alcohol para agroquímicos.

Números de interés 

El desmantelamiento de las fábricas y la transferencia de la producción tucumana de azúcar a los ingenios de Salta y Jujuy, entre otras medidas de gobierno, tuvieron un efecto devastador sobre la economía provincial. La desocupación, los cambios demográficos, el analfabetismo y la mortalidad infantil crecieron al ritmo que desaparecían las fuerzas productivas en los pueblos del interior tucumano.

Empleo: 17.871 obreros ingresaron al paro entre 1950 y 1969. La plantilla se redujo un 28% en aquellos años

Producción: Un 30% se redujo la producción azucarera en los ingenios tucumanos entre el 1965 y 1966

Población: 250.000 tucumanos sufrieron el exilio interior vaciando demográficamente la provincia

Cañeros: 11.000 pequeñas fincas  familiares fueron eliminadas

Fuentes

*Se agradece el aporte fotográfico de Victoria Ger
* Las misivas de Perón serán compartidas con los lectores de Cuatro Esquinas en publicaciones sucesivasFuente

Blog - Cuatro Esquinas - Autor: Rafael Garbero

*Se agradece el aporte fotográfico de Victoria Ger* Las misivas de Perón serán compartidas con los lectores en publicaciones sucesivas


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